Acerca de mí
La historia de Valeria
Todo empezó en la cocina de mi abuela
De niña era muy sensible. Notaba cuándo mi madre estaba triste aunque sonriera, cuándo una amiga no estaba bien aunque dijera que sí. A veces me sentía rara, como si viera cosas que nadie más veía.
El único sitio donde eso tenía sentido era la cocina de mi abuela Remedios. Olía a café y a naranjas, y siempre había una baraja gastada encima de la mesa. Tenía muchísimo carácter, era peculiar como ella sola, y fue la primera persona que me dijo que lo que yo sentía no era raro: era un don.
Yo tenía 6 años y podía pasarme las tardes enteras a su lado, mirándola. Lo que más me llamaba la atención no eran las cartas, sino las mujeres que entraban por esa puerta: llegaban con los ojos cansados, llenas de dudas… y se iban respirando diferente.
Un día le pregunté: «Abuela, ¿cómo sabes qué decirles?». Me cogió de la mano y me respondió algo que nunca he olvidado:
«No les digo lo que va a pasar, niña. Les recuerdo quiénes son cuando no tienen miedo.»
Sé lo que se siente
Pasaron los años y, un día, me tocó a mí. La persona con la que había imaginado mi vida empezó a contestar más tarde, a hablar menos, a estar sin estar. Y yo, que siempre había notado lo que sentían los demás, no conseguía entender qué le pasaba a él.
Me pasaba las noches con el móvil en la mano, releyendo nuestras conversaciones, buscando en qué momento había cambiado todo. Mis amigas ya no sabían qué decirme.
Fue mi abuela quien me sentó otra vez en su cocina. Barajó despacio, me miró y me dijo: «Primero vamos a entender qué te está pasando a ti». Esa noche, por fin, dormí tranquila.
Ahí entendí para qué servía todo lo que me había enseñado.
Hoy, más de 11.000 mujeres confían en mí
Desde entonces he acompañado a más de 11.000 mujeres en algunos de los momentos más difíciles de su vida. Más de 10.000 lecturas, escritas una a una. Y una de cada cuatro vuelve a pedirme otra cuando algo cambia en su historia. Para mí, no hay mejor prueba de confianza que esa.
Algunas llegan queriendo saber si volverá. Otras necesitan entender por qué se alejó. Y otras solo quieren dejar de darle vueltas a algo que no las deja dormir. Todas llegan por lo mismo que me llevó a mí a aquella cocina: necesitan claridad, y alguien que las escuche sin juzgarlas.
Por eso hago cada lectura como me enseñó mi abuela: con calma, por escrito y solo sobre tu historia. No hago dos lecturas iguales, porque no hay dos historias iguales. Y confío tanto en mi trabajo que, si no te ayuda, te devuelvo tu dinero.
Si estás leyendo esto, quizá tú también lo necesites. Cuéntame qué te está pasando. Estoy aquí para escucharte, como ella me escuchó a mí. 🤍
Garantía total
Si tu lectura no te ayuda, te devuelvo el 100 % de tu dinero.
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Tu nombre, el suyo y tus 3 preguntas. Nunca dos lecturas iguales.
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